Aínsa.

Aínsa.

Una de las comarcas más bellas de Huesca es la denominada Comarca del Sobrarbe. Se compone de un total de 19 municipios; la mayoría de ellos aglutinan varios núcleos urbanos, por lo que el total de poblaciones alcanza el centenar. Tiene establecida su capital administrativa en Boltaña y la capital que presenta el desarrollo económico es Aínsa.

Muchos de estos pequeños lugares sufrieron, a lo largo de las décadas de los 60 y 70, una importante despoblación y su consecuente abandono. Pero hoy en día se está produciendo el efecto inverso y poco a poco estos pueblos están resurgiendo gracias a emprendedores que han decidido trasladarse allí y formar una familia y comenzar nuevos negocios, casi todos ellos basados en oficios tradicionales.

A esta comarca pertenecen unos 2.200 kilómetros cuadrados de la parte del Pirineo Central y sierras del prepirineo. Esta es la parte más salvaje y abrupta de esta cordillera española, donde se encuentran los picos más altos, los últimos glaciares y los valles más profundos; siendo el hábitat de múltiples especies tanto animales como vegetales. Las vistas son espectaculares y más del 50% del territorio se encuentra en alguno de los programas de protección oficial del medio natural.

Lugares que merecen una visita obligada son por ejemplo Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, Parques Naturales de Posets-Maladeta, La Peña Montañesa, el Barranco de Pineta, Ordesa, Bujaruelo, el Valle de Chistau o el  Valle de Añisclo.

A lo largo de toda la Comarca del Sobrarbe podemos disfrutar de importantes restos que son el testimonio de las distintas culturas que han habitado estas tierras. Del neolítico son los dólmenes que hay en Paules de Sarsa o Tella. Del medievo las villas de Aínsa o Toral o Broto. Del románico los templos de Santa María de Buil, San Vicente de Labuerda o San Nicolás de Bujaruelo.

Pero sin duda, y sin desmerecer al resto de lugares, el Monasterio de San Victorián es el lugar más representativo de la comarca. Está considerado el más antiguo de España, pues su origen data del siglo VI, la era visigoda. Su creación se debe al italiano San Victorián que llegó a los Pirineos evitando las tentaciones terrenales. Vivió como ermitaño en la Cueva de la Espelunga y pasó a ser el abad del monasterio de San Martín de Asán, que posteriormente tomó su nombre.

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